Más de cien palabras

Sin dramatismos ni exageraciones, lo cierto es que yo ya voy teniendo una edad. La suficiente como para haber crecido en un mundo analógico, donde el consumo y los usos sociales venían todavía marcados por la economía de la escasez. Un mundo anterior a itunes, a los torrents, a los archivos compartidos, donde la música se compraba y se vendía, en soportes de plástico que costaban dinero.

Una época en la que el coste de copiar música era sensiblemente mayor que cero, y las posibilidades de un autor para difundir su obra pasaban necesariamente por la intermediación de la industria musical.

En ese tiempo que nos ocupa era todavía costumbre corriente escuchar los discos de nuestros artistas favoritos más de una vez. Y de dos. Decenas y cientos de veces en los casos más extremos, si hablamos de adolescentes sensibles y altamente influenciables por los artistas más notables de su tiempo. Temas repetidos que acababan por grabarse en la memoria, incrustados en el acervo que habría de conformar el armazón de nuestra educación sentimental.

Y así, es corriente encotrar con el paso de los años treintañeros de mi pelaje y condición que rebuscamos en el cajón de la memoria donde guardamos las canciones aprendidas y los lugares comunes cuando andamos faltos de inspiración. Son recursos que pasan inadvertidos al resto, a los más mayores, a los más jóvenes, pero en los que nos reconocemos como miembros de un clan secreto.

A estas alturas de semana, todos hemos visto el último anuncio de Repsol. Todos, salvo los realmente jóvenes, que crecen con insultante osadía de espaldas a la televisión, y los más anacoretas, que todavía los hay, y resisten irreductibles los embates de su influjo. Pues bien, en los despachos de Young & Rubicam, algún creativo traía, en el morral de su memoria, más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas el día que se enfrentó al reto de la nueva campaña:

Inventemos el futuro.

Inventamos la rueda, descubrimos el fuego, llegamos a la luna, hicimos el pan y la sal.
Inventamos los coches, las motos, los ceros y los unos, los abrazos y el abecedario. Inventamos los marcos, el calor en invierno, la imprenta, la ciencia y la ficción.

Inventamos internet, la radio, el teléfono, las vacunas y la novena. Hicimos imperios y revoluciones. Inventamos Manhattan, Macondo. Inventamos el fútbol y a mdme. Butterfly. Pintamos a la maja vestida y desnuda, hicimos catedrales, pirámides, aviones.

Inventamos el rock, la penicilina, los telegramas, Dulcinea, el poker y el mus, los jardines de Babilonia y hasta Peter Pan.

Más de cien mentiras, de Joaquín Sabina:

Tenemos memoria, tenemos amigos,tenemos los trenes, la risa, los bares.
Tenemos la duda y la fe, sumo y sigo, tenemos moteles, garitos, altares.
Tenemos urgencias, amores que matan,tenemos silencio, tabaco, razones.
Tenemos Venecia, tenemos Manhattan,tenemos cenizas de revoluciones.

Tenemos zapatos, orgullo, presente, tenemos costumbres, pudores, jadeos;
tenemos la boca, tenemos los dientes, saliva, cinismo, locura, deseo.
Tenemos el sexo y el rock y la droga, los pies en el barrio, y el grito en el cielo.
Tenemos Quintero, León y Quiroga, y un business pendiente con Pedro Botero.

Más de cien palabras, más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos, más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos un as escondido en la manga,tenemos nostalgia, piedad, insolencia,
monjas de Fellini, curas de Berlanga, veneno, resaca, perfume, violencia.
Tenemos un techo con libros y besos. Tenemos el morbo, los celos, la sangre.
Tenemos la niebla metida en los huesos, tenemos el lujo de no tener hambre.

Tenemos talones de Aquiles sin fondos, ropa de domingo, ninguna bandera,
nubes de verano, guerras de Macondo, setas en noviembre, fiebre en primavera.
Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas, qué importa, lo siento, hasta siempre, te quiero,
hinchas del atleti, gángsters de Coppola, verónica y cuarto de Curro Romero [...]

Battle at Krugger: el documental

Hace prácticamente un año, y bajo el título “Los macarras de la sabana”, veíamos en este blog un espectacular vídeo grabado en el Kruger National Park de Sudáfrica en septiembre de 2004 por el turista David Budzinski, en el que una manada de leones y un cocodrilo se disputaban el apresamiento de una cría de búfalo, hasta que su propia manada acude al rescate de la cría.

Espoleado sin duda por la publicación en un medio de alta repercusión como Las Chofas -y en cierta medida por la contribución de otros medios- el vídeo superó los 30 millones de visualizaciones en YouTube, fue galardonado en los YouTube Awards de 2007, y tiene su propio sitio web con multitud de contenidos relacionados

Esta noche, a las 21:00 -hora de la costa atlántica de E.E.U.U- se estrena un documental de una hora producido por National Geographic sobre el video original de 8 minutos de duración.

Vía eCuaderno.

Toda la historia, contada por el New York Times.

Descubriendo la barra lateral (I): Los RSS

En las últimas semanas, tres de las cuatro personas que leen habitualmente mi blog han coincidido en afirmaciones similares a esta: tu blog está bien, pero no entiendo mucha de la mierda que tienes a la derecha.

A explicar toda esa mierda de la derecha (verás luego la cantidad de gente que acabará en este rincón por guglear cosas como ‘mierda de la derecha’), a explicar, digo, algunos de los apartados más confusos de mi barra lateral es a lo que voy a dedicar esta entrada y puede que alguna otra de las próximas.

Hoy empezaremos con la sindicación RSS.

¿Qué carajos son los archivos RSS?

Cuando navegamos por la blogocosa con el desafuero y la pasión que nos caracterizan, nos encontramos a menudo con iconos como estos:

Estos iconos indican y contienen archivos RSS, agazapados en la procelosa umbría de su hipervínculo.
Un archivo RSS -o «Feed RSS» -o «XML»- es un archivo generado por algunos sitios web (entre ellos la mayoría de los blogs) que contiene una versión específica de la información publicada en esa web. Este archivo está diseñado para ofrecer el contenido publicado sin necesidad de consultar la página a través de un navegador, y se actualiza con cada modificación, por lo que resulta muy práctico para el seguimiento de sitios con constantes modificaciones, como es el caso de los blogs.

Mediante el software apropiado -los llamados lectores o agregadores de feeds- vamos a poder mantenernos al tanto de las actualizaciones de un sitio web, sin tener que entrar en él, simplemente a través de la información contenida en el archivo.

¿Agregador de cualo?

Un agregador de feeds es lo más parecido que hay a un programa de correo electrónico. La diferencia está en que en lugar de mostrar y gestionar el contenido de un buzón de correo, los lectores de feeds consultan periódicamente las direcciones de los feeds para obtener la última versión disponible de su archivo RSS. Así, como nuestra aplicación de correo, nos va a almacenar y organizar las entradas de nuestros
blogs favoritos a medida que se publiquen, y resaltará aquellas que tengamos pendientes de leer. Nos permite, por ejemplo, emplear el tiempo que nos dura el primer café en echar una lectura rápida de las últimas entradas publicadas que antes nos hubiera llevado media mañana, yendo de sitio en sitio, de página en página.

Mola. ¿Cómo se utiliza un agregador? ¿Cómo me suscribo a los feeds de mis sitios favoritos?

Primer paso: elegir un agregador. Como en el caso de los lectores de correo electrónico, tendremos aplicacaciones online -para consultar a través de la web- y aplicaciónes de escritorio -un programa alojado en tu equipo-. Esto, como todo, va en gustos. Yo, como uso varias máquinas alternativamente, prefiero las aplicaciones online, de la misma forma que prefiero Gmail a programas de correo como Outlook o Thunderbird. Los agregadores o lectores de feeds más populares son:

Agregadores online:

Agregadores de escritorio:

Como contaba antes, debajo de cada icono RSS se esconde la dirección URL donde se aloja el feed que contiene el archivo RSS del sitio web. No te marees con tanto acrónimo, es sencillo. Si te tomas la molestia de pinchar en el icono RSS de las chofas (ese botonazo naranja que ves bajo el título de ‘Suscríbete’) encotrarás el siguiente vínculo:

http://feeds.feedburner.com/jumber

a la vez que en tu navegador se abre una página básicamente ilegible. Ésa es la dirección que deberás copiar cuando quieras agregar un feed en tu lector.

Por ejemplo, en Google Reader:

Esta es la manera más rudimentaria de agregar un feed a tu lector. Con la práctica descubrirás atajos. Google Reader, por ejemplo, se abre automáticamente cuando pinchas sobre el icono de un feed. Si usas Firefox, basta con abrir el menú contextual (pinchar el boton derecho, dícese) para que te permita copiar la ruta del feed para pegarla en tu agregador. Firefox también detecta los archivos RSS de una página e incluyen directamente en ese caso el icono indicativo en la barra de direcciones, y creo que sucede lo mismo con las últimas versiones de la mayoría del resto de navegadores. En mi equipo, por ejemplo, me aparece el icono en azul a la izquierda de la barra de direcciones:


y pinchando sobre él el navegador me ofrecerá la posibilidad de suscribirme a ese feed usando alguno de los lectores online más populares:

Y así podríamos seguir, si la entrada no me estuviera quedando ya demasiado larga.

Si has llegado hasta aquí, agradezco tu paciencia, y te invito en compensación a disfrutar del video de Commoncraft RSS in plain english (subtitulado gracias al impagable trabajo de la gente de dotSub, donde por fín podras enterarte de manera sencilla de qué va todo esto de los RSS :

Próximamente en esta sala: “Descubriendo la barra lateral (II): Jumber en la red”

Sin tetas no hay escrituras

Esta mañana, en el Club de Lectura de A vivir que son dos días, Marco Schwartz hablaba de su nuevo libro “El sexo en la Biblia” junto a Óscar López, Manu Berástegui y Montserrat Domínguez.

Decían que la Biblia es el mayor culebrón de sexo y violencia jamás contado. Supongo que sí, en lo que se refiere al Antiguo Testamento. En el nuevo, la cosa se pone mucho más austera y políticamente correcta.

Un día intenso

Barcelona, 11:30. El chico de la ETT que empezó ayer llega a trabajar 3 horas tarde. Viene directamente de la comisaría, de denunciar el robo de su coche. El jefe de su departamento se muestra de lo más considerado. “Me dejas de piedra. No sabía que la gente todavía robaba coches”.

22 horas. Las motos bajan por la calle Balmes como una manada desbocada guiada por cabestros de cuatro ruedas. En Getafe, Braulio falla el gol de su vida.

22:50. Los coches suben por la calle Aragón a buen ritmo. Braulio marca el que podría haber sido el gol de su vida. Al final, tanta épica para nada.

1:30. Muy agradable noche en El Mediterráneo. Nos vamos dejando al cargo a los que todavía no tenían claro si mañana van a madrugar.

El uso de los blogs

En esto de la red de redes, cada uno usa su blog para lo que quiere.

Hay blogs indefinidos y algo misceláneos, como éste. Hay blogs corporativos, blogs profesionales y blogs personales. De periodistas (muchos), de consultores (¿demasiados?), de políticos de temporada, que cunden mucho en la pleamar de la campaña para luego disolverse con la resaca postelectoral, de divulgadores científicos o de diseñadores gráficos. Encontramos artistas que utilizan su blog para promocionar su obra o para renegar de ella, pues de todo hay. Hay blogs alojados específicamente para el desarrollo de un proyecto, para la promoción de un nuevo hotel, blogs para la comunicación interna de la empresa, blogs vecinales y blogs con vocación universal.

Hay, en definitiva, de todo, como en botica, y aún más de lo que nos podamos figurar.

Mis amigos Carolina y Óscar venden su piso de Moratalaz, y han decidido abrir un blog que les ayude a facilitar con tranquilidad y detalle toda la información que normalmente no cabe en los tradicionales sitios inmobiliarios disponibles en la red. Yo tuve conocimiento ayer del asunto por casualidad, y me pareció un uso sorprendente y muy imaginativo de la herramienta -aunque no sé si todo el mundo estará de acuerdo-. Desde luego, no tengo noticia de ningún caso semejante.

¿Y vosotros? ¿Conocéis algún otro caso?

Hacen ruidos como blop (y dejan ir regueros)

avion-sahara-215.jpgTengo por costumbre cuando viajo solo visitar la librería del aeropuerto, de la estación de turno, y rebuscar entre los libros de autoayuda y autoéxito algún libro corto y apetecible, pero no de bolsillo, que no me sobrecargue el equipaje ni me obligue a un compromiso mayor que se extienda más allá del trayecto.

Yo soy así de banal, y de la misma manera que a otros se les antojan determinados dulces típicos de puntuales épocas del año, yo me encapricho de ciertos autores como de las camisas oscuras, simplemente por estar en la ciudad en la que piso.

De mis últimos viajes a Barcelona -esa ciudad prodigiosa donde se han editado más del noventa por cierto de los libros que he leído en mi vida- me traigo siempre la intención frustrada y las ganas de comprar algo de Enrique Vila-Matas, que es un señor al que nunca he leido y del que todo el mundo habla maravillas, tal vez por la generosidad con la que el mismo se prodiga en alabanzas y maravillas en sus artículos, en sus reseñas, en los prólogos y las solapas de los libros de otros, o tal vez no.

Entre la oferta desplegada más allá de los suvenires y las camisetas del barsa, encuentro uno -el último, el penúltimo- de los varios libros de cuentos de Quim Monzó -con reseña contenida y recóndita en la solapa de Enrique Vila-Matas-. Lo sopeso unos instantes, lo ojeo, lo hojeo, me lo pruebo, y tras comprobar que es de mi talla me lo llevo puesto, camino de la puerta de embarque, mientras calculo el tiempo que habré de remolonear antes de empezar a leerlo si pretendo que me dure hasta el aterrizaje en Barajas. Algo más tarde, ya en el avión, me doy cuenta de que el libro será más que suficiente: el cansancio de una larga jornada me invade y se confunde con el cansancio de la gente que viene de hacer cosas importantes.

A mi lado viaja una mujer de mediana edad, con peinado funcional, gafas de montura discreta y ropa tan aburrida como la mía. Consulta una presentación impresa en papel apaisado, y sostiene en su mano una Blackberry, pero no la mira. Pese a ser uno de los últimos vuelos de una tarde entre semana, el avión va lo suficientemente desocupado como para permitir que dejemos libre el asiento central, como en los pasajes de primera, y la mujer pueda acomodar el bolso, el abrigo, un pañuelo a rayas y una cartera de piel, y mi codo pueda aún encontrar sitio en el reposabrazos que me queda más cercano sin incomodarla demasiado.

Cuando despierto, la mujer de al lado toma notas sin cesar en una agenda, con esa ordinaria manía que tenemos los occidentales de trabajar en público, como la de hablar a gritos por en móvil. Sigo leyendo:

En el sueño que tuve justo después de que Beristain muriese de cáncer todo eso no había pasado. Había pasado que Beristain había muerto hacía unos cuantos meses, eso sí, pero yo no me había separado y el piso funcionaba todavía como picadero, aunque por falta de tiempo no iba nunca. Hasta que una noche, la noche de ese sueño, sí que voy. Llego con una chica, con la que me abrazaba ya en la escalera. pero cuando abro la puerta con la llave encuentro el piso completamente lleno de gente. [...] Hay tanta gente -docenas, quizás un centenar de hombres y de mujeres que follan en las camas, amontonados como pueden- que no queda espacio libre. Hay tantos que no caben en las habitaciones y tienen que hacer cola delante de las puertas, esperando turno para entrar. Mientras esperan se besan, se acarician, se tocan… Cuando me ven llegar me miran con cara extrañada, como si preguntasen “¿Éste quién es?”, o ¿Qué viene a hacer ahora aquí?” Yo me pregunto “¿Qué hacen estos aquí, de dónde salen, qué hacen en mi piso?”

Pronto descubro que lo que ha pasado es que Beristain un día dejó la llave a alguien, antes de caer enfermo. Ese alguien hizo una copia. Y de la llave de ese amigo hizo una copia otro, que a su vez se la dejó a otro, que hizo otra copia. Cuando Beristain murió el ritmo se aceleró y, uno tras otro, todos se iban dejando la llave para hacer copias, de forma que ahora resulta que centenares de personas de la ciudad tienen copia de la llave del piso y la utilizan cuando quieren.

Me indigno de la cara que tienen, ellos (por ir pasándose copia de la llave de un piso que no es suyo) y Beristain, por haber dejado la llave con la alegría y la poca vista que lo caracterizaban. Decido que al día siguiente cambiaré de cerradura y los echo a todos. A los que follan los separo sin contemplaciones -y cuando las pollas y los coños se separan hacen ruidos como blop, y dejan ir regueros- y les digo que se vayan. Como buenos personajes de sueño, no oponen ninguna resistencia y se van, medio vistiéndose por la escalera, decepcionados por no poder follar donde pensaban hacerlo, pero sin ninguna gran preocupación ni ningún enfado. Y mientras se van pienso que lo que han hecho es un abuso de confianza, pero enseguida dudo si me he pasado echándolos a todos y si, quizas, al menos debería haber sido comprensivo y esperado a que acabasen. Porque, si todos tienen la llave y corren por el piso como si fuera suyo, en parte también es culpa mía por haberme despreocupado de él durante tanto tiempo, por no haber ido más a menudo, por no disfrutar de la vida con la alegría y la ligereza con que lo hacía Beristain.

Quim Monzó
Mil cretinos
Ed. Anagrama
Traducción de Rosa Alapont

El abrazo de Elvira

Elvira Lindo, en El País, hoy:

En campaña tienen que sonreír el candidato, los militantes jovencillos que colocan detrás del líder, los futuros ministrables e incluso aquellos que sospechan que no tendrán cartera. En la noche final, triunfador y señora muestran la sonrisa grande y sincera del éxito. Pero ha de sonreír el perdedor, aunque la mueca se le tuerza a medio camino. En el protocolo implícito de la jornada está escrito que la mujer del perdedor sonreirá aunque le duela. Pero eso no fue así el 9 de marzo. La cara de esa mujer, Elvira, de la que pocas cosas sabemos, expresaba una melancolía tan inconsolable que resultaba difícil de interpretar. Su mirada perdida fue el rostro de la verdad. Su marido la abrazó fuerte, en un gesto inusualmente cálido, como si quisiera reparar algunos malos momentos de esa vida procelosa en la que ella no parecía encajar desde un principio’.

elvira y rajoy

La foto es de Susana Vera, de Reuters, y la vi en 20 minutos. He tenido que recortar al siniestro personaje que nos jodía la calidez del momento.

No hagáis planes

Bote, bote

urnaDe todas las elecciones que recuerdo haber seguido, ésta es sin duda la que he vivido con menor intensidad.

Claro que de todas las temporadas que recuerdo haber vivido, ésta es en la que menos atención recuerdo haber prestado a las cosas ilusionantes y las gentes importantes, Nuur, mi familia, su familia, mis amigos (conocidos también como éstos, en ciertos ambientes). En fin.

Hoy tenemos jornada electoral. Hoy nos vamos a sacudir el miedo y el dolor, vamos a obviar insensatamente lo inaplazable, y a entregarnos a la farsa y la comedia que supone toda cita lelectorál, poniéndo esa cara que sabemos poner cuando decimos que al menos nos queda el poder para votar y para dejar de hacerlo, y que nos lo creemos.

Esta tarde haremos un seguimiento postelectoral intensivo en twitter, que comenzará a las ocho en punto desde la casa del barbas. Estáis todos invitados a participar.

Hasta ese momento, y si todavía no has votado, te puede interesar:

  • saber cuántos votaron en tu pueblo al Partido del Mutuo Apoyo Romántico en las últimas elecciones, o cualqier otro dato.
  • resolver esas dudas que nunca llegaste a preguntar: ¿valen lo mismo todos los votos? ¿a quién beneficia el voto en blanco? ¿y si no voto?
  • consultar en el utilómetro si te compensa vestirte y salir a votar, ahora que parece que se está nublando y en tu provincia está todo el pescado vendido.

Actualización: por causas de fuerza mayor, no me fue posible finalmente seguir la noche electoral. Otro día probaremos el twitter, una herramienta ideal para estas cosas. Disculpad las expectativas frustradas, si llegó a haber alguna.

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