La semana de un vistazo

La semana que voy a dar por concluida en breves momentos -el tiempo de terminar esta nota, lavarme los dientes, abrirme camino hasta el sobre entre el caos y el desorden de mi casa- no fue de las más fructíferas en lo laboral, pero fue singularmente variada en lo personal. Voy a dar cuenta sólo de algunos, sin otro criterio de selección que el propósito de no extenderme.

Tuve el primer contacto con una futura nueva amiga, que vino a verme requiriendo mi infinita sabiduría y competencia profesional. Por las pocas referencias que tenía del tema, presumí que acabaría desalentándola en sus propósitos. Pero me atraparon su proyecto, su entusiasmo y la convicción con que lo transmite. Espero de corazón tener finalmente la oportunidad de echar todos los cables que en mi mano estén.

Rosa la lió parda, y tuvo sus quince minutos de buzz en facebook, con la inestimable ayuda de Rai. Además de las sonrisas, el sucedido nos vale para reflexionar sobre el uso de los comentarios a los mensajes de facebook, y las normas de netiqueta aplicables cuando queremos extraer una conversación de un entorno privado como una red de amigos en facebook y dar cuenta de ella en otro foro del todo ajeno a sus protagonistas, como pueda ser nuestro blog.

Llegó S.A.R. la Nuur de Londres, en un parón obligado en su inmersión linguística, a requerimiento del INEM, que ya la venía echando de menos. Como yo. No es nada fácil lo que está haciendo la Nuri, y ya se van haciendo muy largos los meses, a los dos. Afortunadamente, ya sólo queda afrontar la última etapa de su viaje, y la tendremos otra vez entre nosotros para las vísperas de navidad, con fuerzas renovadas para seguir trasteando y revolucionando nuestra apacible existencia.

Echaron a la niña terrible ésa de Pekín Express.

Guti inició su particular periplo de redención, que debería devolverle al primer equipo antes de que acabe el adviento, por lo que cuentan.

Y como vino la Nuri se volvió, después de tres días que se nos escaparon entre los dedos. La dejé en el aeropuerto que cogiera su vuelo habitual. Volví a casa, apenas cené, y recordé que tenía un blog. Supongo que para estas cosas.

Nota: la fotografía es de Edvill, y está publicada en flickr con todos los derechos reservados, incluido éste que le doy. Pero como no creo que le importe, la fotografía me gusta y combina muy bien con la cabecera del blog, me he pasado la licencia por ahí. Si vosotros por vuestra parte pensabais darle otro uso, avisados quedáis de que queda excluida de la licencia creative commons que resulta de aplicación al resto de los contenidos de este blog.

El imbécil reeditado

imbecilAnte todo, las disculpas.

Esta entrada sucede a un comentario en mi facebook. Así que si has llegado hasta aquí es posible que seamos amigos en el Mundo Real ™, y que sea tu primera visita a las chofas. Sé bienvenido a tu casa, date una vuelta, tómate algo, echa un vistazo por entradas más antiguas. No hay prisa, no cerramos nunca.

Al resto, a mis miles de asiduos y celosos seguidores, os pido un poco de paciencia, comprensión y hospitalidad. Mis amigos no son tan raros como pudieran parecer al primer vistazo. Y además, enseguida se marchan.

¿A qué venía todo esto? A que alguien debería reeditar el premio al imbécil con columna, aunque se lo vuelva a llevar Antonio Burgos, como decía esta semana @JRMora.

Primero intenté, para mis amigos en facebook, enlazar directamente al artículo en ABC, pero abc.es, con buen criterio, ha pasado la fregona. Así que lo siguiente fue buscar la copia del artículo alojada en la caché de google, pero FB me advirtió que el contenido del enlace había sido catalogado como ofensivo por algunos de los usuarios, y que me fuera a enlazar mierda al Tuenti, si eso.

Así que finalmente opté por reproducirlo aquí. Dicen por ahí que no hay que alimentar al troll ni al voceras ni al indeseable. Yo no sé, a veces pienso que de estas cosas hay que dejar constancia indeleble, para, como decían los dibujantes veteranos de mi infancia, mofa, befa y escarnio del sujeto.

Para todos vosotros: Las Andreítas de Zetaparo

ANTONIO BURGOS
Actualizado Sábado, 26-09-09 a las 08:07
Tenía pensado escribir hoy sobre la legionela, ese brote terrible en que hablamos de los muertos que ha habido en la Macarena con una frialdad cruel, como si sólo fuesen cifras de las estadísticas y no convecinos con nombres, apellidos, mujer, hijos, nietos, familia y amigos, que han fallecido en Sevilla y no en Noruega. Pero he de dejarlo para otro día, porque el respetable público me reclama que largue sobre la foto de las niñas del Conde Drácula, perdón, de las hijas de Zetaparo, como un lector me pone el nombre de ZP, Zetaparo, con una errata de las que carga el diablo y que con el tiro que se les escapa dan en todo el bebe.
Vista la foto del Metropolitan de Nueva York, donde las dos mocitas fueron de gañote en el avión oficial de papá, ahora comprendo a ZP. Ahora me explico que no quiera enseñar a sus niñas. Si yo fuera padre de esas dos criaturitas no las enseñaba por nada del mundo. Tapaditas en La Moncloa están más guapas. Con todos los respetos para las menores (los que manda la ley y unos cuantos más que les echo yo de cominito, no vayamos a tenerla), es natural que Zetaparo moviera Roma con Santiago y Efe con Zeta para que la foto de sus niñas no saliera en parte ninguna. Pasa con las niñas de Zetaparo lo mismo que con aquel alcalde de Sevilla que ya he contado, que cuando Franco lo nombró a dedo, sus amigorros de la tertulia del Aero dijeron:
—Que Momo era tonto lo sabíamos nada más que aquí, pero ahora se va a enterar Sevilla entera.
Que las niñas de Zetaparo eran dos callos horrorosos lo sabían los más íntimos en La Moncloa, pero ahora se ha enterado España entera. Son de salir corriendo. Yo no sé si es porque iban vestidas de Jalogüín, o porque lucían el uniforme oficial de los góticos, pero tú te encuentras a las 12 de la noche con estas puñeteras niñas en una calle oscura, se te acercan, un poner, a preguntarte dónde para el autobús de Alcosa, y del salto que pegas del susto llegas corriendo a Carmona.
Góticas. Los lectores que me piden este artículo me aseguran que son góticas. Vamos, como la ojiva de San Julián, pero sin el recuerdo de Fernando Moreno sacando el palio de La Hiniesta. O como la propia imagen gótica de La Hiniesta (que está por cierto en el Ayuntamiento y que no sé cómo no han mandado ya retirarla por la cosa del Nacional Agnosticismo y de quitar los crucifijos). ¡Qué ofensa para el arte gótico, llamar góticos a estos adefesios con botas de la Brigada Paracaidista en Sidi Ifni y muñequeras de levantador de pesos de Galisport! Por el volumen de su bulto redondo, así achaparrado, más que góticas me parecen románicas, que como las vea Brigitte Bardot, va y las protege. Pero, vale, aceptamos gótica como animal pinnípedo. Yo les diría algo más fuerte, pero como son menores, me callo.
Bueno, menores para que el padre diga que no quiere que salga su foto, o que las pixelen. Pero no menores para que aborten sin tener que decirlo a los padres. Estas son las contradicciones del sistema. Como la propia actitud de Zetaparo. ¿De qué ha ido en esta película del Mangazo de Viaje de sus Niñas Góticas? ¿De Defensor del Menor o de Belén Esteban? Yo creo que Zetaparo va de ambas cosas, de Defensor del Menor y de Belén Esteban, en una sola pieza, protegiendo a sus Andreítas. Porque estos dos tapones de alberca vestidos de «La niña de luto» sin Manolo Summers son sus Andreítas. Cuando llamó a la agencia Efe para censurar las fotos, seguro que dijo:
—Yo es que por mis hijas ¡ma-to!, ¿me entiendes?
Me explico, finalmente, por qué Zetaparo no quería que saliera la foto. No era por las niñas en sí ni por la leche que mamó la protección del menor. Era para que no viéramos al completo este retrato de familia. Monster.

#castingebe09

Yo no suelo meterme en estas cuestiones, pero esta vez…

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Haced sitio

bebe-chupete.jpgNueve del nueve del nueve. Hoy ha sido un día verdaderamente largo. El día de la bestia inversa, el día mundial sin gatos en internet, el día que (re)volvieron los beatles, otra vez, en su versión más acicalada. Una fecha fácil de recordar y proclive a las cábalas, en el que hasta Apple trasladó su tradicional martes de keynote al miércoles, para hacerlo coincidir con la fecha mágica, y los chinos se daban por millares al botellón matrimonial en el día mundial de la longevidad y el amor eterno.

El día, para algunos, comenzaba muy pronto. A las cero y cinco se asomaba al mundo Pableras Laorden, entre la expectación general y los dolores de su madre -no la llaméis dolores-.

Otro Laorden al que cuidar y del que cuidarse. Otro amigo que nos ha nacido. Otro más para el pelotón de la esperanza, para pelearle el balón al desaliento que cunde pero no agota ni mata en esta ciudad y este mundo que le aguardan, propicios, al calor de esta noche que ya es el día de mañana.

La democracia así entredicha

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Escribe Ramón Lobo en El País de hoy, en una de las excelentes crónicas de las elecciones afganas que viene publicando:

Desde las palabras se pueden crear malos entendidos que después generan enfrentamientos, divorcios, fracasos políticos y guerras.

En Afganistán, por ejemplo, Occidente llama democracia, y la celebra como un éxito, a una votación en la que la principal irregularidad es la pobreza que padecen sus habitantes, gentes valerosas que por el hecho de acudir el jueves a un colegio electoral se han jugado una porción de su vida, porque el resto de la vida se la juegan a diario.

Estas elecciones en un país en el que el 50% de los varones y el 85% de las mujeres son analfabetos no se pueden llamar libres ni justas porque la libertad nace del conocimiento y la capacidad de elección. Para disponer de una democracia como la nuestra hay que comer como nosotros. O desplazar levemente la muñeca de la mano derecha o izquierda por las mañanas -o por las noches, que sobre gustos no hay nada escrito, dicen- y que salga de la ducha un largo, agradable y cálido chorro de agua potable y no tener que caminar horas por caminos polvorientos y peligrosos en busca de un líquido insalubre, como sucede en muchas aldeas afganas y en casi toda África.

Cuando todo gira en torno a la pobreza, al acto agotador de sobrevivir a cada segundo de la existencia, no hay tiempo para la educación, la cultura y el ocio. Democracia no es todo lo que sale por nuestras televisiones.

El desencanto

imagesIgual que a tí, a Chus le pone mucho votar. Hasta donde sabemos, ha santificado siempre las jornadas electorales, todas, cada una, como un sacramento civil. En una primavera tardía como la de hoy, pero veinte años atras, se recuerda estrenando su voto, en otra ciudad entonces, tambié con otros rostros encaramados sobre las farolas de las avenidas que ya presagiaban en lo que iban a convertirse estas juergas electorales europeas. En las principales avenidas y plazas, Morán y Oreja -el otro Oreja, Marcelino-, bregados veteranos disidentes maniatados por el siempre efectivo sistema de la patada hacia la cumbre. Primeros espadas de la periferia política en el siempre delicado trance de reconocer tiempos mejores -Garaicoextea, Bandrés-. Un exalcalde populista hasta en lo pintoresco (Pacheco), y un personaje bizarramente pintoresco hasta en la arena de lo populista (Ruiz-Mateos), que acabaría campeón entre las aguas siempre favorables a este tipo de excentricidades electorales que son, han sido y serán las elecciones europeas. Representantes de la verdadera izquierda izquierda oficial (Perez Royo) y de la otra -Carrillo, sí, ya terminando sin terminar de jubilarse, cúantas nueces, veinte años-.

Veinte años han, el voto por estrenar y una mañana tan parecida como puedan parecerse dos mañanas frescas de junio. Como habría de sentirla yo unos años después, sentía entonces Chus aquella excitación primitiva a la  habría de habituarse con los años, excitación en todo caso nada original y apenas espontánea, reglada por la vana experiencia de los otros, los antecesores, los diplomados en el estreno democrático de la entonces aún cercana primavera del 77. Sus padres, sus educadores, los comunicadores sociales y directores espirituales de la tribu, tertulianos en boga y otros apóstoles, que le habían enseñado a venerar la fiesta democrática, a honrar al padre y a la madre.

Aquellos hombres y mujeres que olían a octavilla, a tinta de imprenta, que exudaban la feromona de la democracia, embridaron el sentir de los que estábamos por llegar. A Chus, a tí, a mí, que heredamos un camino pautado como se heredan los libros de texto de los hermanos mayores, con las premisas subrayadas, los esquemas dibujados, y las páginas ajadas como un sendero hollado por los que pasaron antes.

Así que vota siempre. Normalmente a su partido, a veces no.
Porque Chus es como tú, es de un partido, al que apoya y castiga según la marea que viene y va. Aunque, según lo ve Chus, es el partido y no él quien bandea en sus principios y sus finales, en sus propósitos y actuaciones. Mientras que él ha conseguido mantenerse y respetar, a lo largo de los años y desde aquellas primeras elecciones, el contorno de lo que le gusta llamar la zona técnica ideológica, la parcela en la que le está permitido moverse con libertad, dentro de unos límites establecidos y acatados, como la del entrenador de fútbol al que se le permite gritar, arengar, dar instrucciones, vocear la conciencia desde un lugar restringido de la banda.

Habrá un poso de censura en su mirada si escucha o deduce en la actitud o el comentario fugaz de otro que no entra en sus planes el no ir a votar el domingo. Es gente muy discreta, Chus, y radicalmente respetuosa, así que no dice nada, pero le asoma por los ojos el corazón helado, y hasta se diría que le reza – como tú- a los dioses del sufragio por las almas descarriadas y abstencionistas. Hay que votar siempre, te dice a veces, sólo sea por los que en su día no pudieron o por los que en un futuro quién sabe si podrán hacerlo, y cosas así. Pero no es eso, ni siquiera se parece a eso. Es el fervor apasionado por la fantasía democrática, el recuerdo de aquella mañana iniciática, de los recién aprendidos y del calor de la ideología y la historia acariciándole la piel cada cuatro años.

Pero hasta la paciencia de los más lascivos se agota, si son mínimamente exigentes en el decoro, en las formas. Y Chus cree, ha decidido, viene sintiendo desde semanas atrás, que no votará hoy. No por desencanto, pues nunca calaron en él las consignas ni los eslóganes, ni ahora ni antes, y la naturaleza o la experiencia le dotaron con fortuna del descreimiento necesario para eludir sus envites más burdos, la cantinela oficial. Las cosas importantes se deciden en Bruselas, le decían, y por eso prefirieron mandar el parlamento a Estrasburgo, donde no pudieran molestar, contestaba él, y se iba a votar, igualmente, y a las ocho de la tarde se encerraba en capilla, escuchaba los sondeos ‘a pie de urna’ -¿no es gracioso, el lugar común?-, rehacía sus cálculos, celebraba resultados, masticaba la decepción hasta la última gastada palabra de las tertulias radiofónicas, disfrutaba.

Lo que ocurre, llanamente, es que ya no le excita, la margarita. Ya no queda quien le mienta con un mínimo decoro, quien le seduzca con engaños susurrados al oído, que le engatuse con fantasías que en nada se parece a la propuesta mezquina y sórdida de este domingo, al polvo rápido a horcajadas sobre la urna y los pantalones arrastrando por el suelo del colegio electoral.

Por eso, cuando vuelve de la pastelería y los periódicos y es todavía tan temprano que apenas acaban de abrir las mesas en el polideportivo y se percibe aún difuso de lo que ha sido el inicio de la jornada en el trajín de los policías y los componentes de las mesas todavía afectados por la tensión de la novedad, sabe que no debería ni siquiera asomarse a echar un vistazo, ni comprobar siquiera si se acordó de echarse la documentación a la chaqueta. Que la agitación y el galopar de la sangre serán cuestión de minutos, mientras se acerca a reconocer su papeleta de entre los montones y hasta que escuche su nombre y alguien lo compruebe en la lista y le devuelvan su carnet con amabilidad. Que cuando se quiera dar cuenta estará de vuelta a la calle, con el cruasán, con el periódico, y entonces se sentirá como un imbecil al menos por lo que resta de día. Como te pasa a tí. Como me pasa a mí.

Fábula de los árboles y el bosque

Visto en el blog de JRMora, hará cosa de un ratín:

Todos somos singulares

merkin_tCoco de Mer es una firma de lencería erótica especializada en elegantes y sofisticados accesorios destinadas a satisfacer las más particulares fantasías y cadaunadas de cada cual.

En su catálogo podemos encontrar desde la lencería más atrevida para la recién casada hasta látigos con puntas de cabello humano para las dóminas que ya están de vuelta de todo. Esposas medievales para tu mazmorra privada, sofisticados arneses, consoladores que parecen hechos con cristal de murano, botones anales a juego con un par de gemelos para tu camisa, palas de azotar de goma, de cuero, de madera noble, en fin, qué os voy a contar a vosotros…

La joya de la corona, un vibrador en oro de 18 quilates.

El siguiente vídeo pertenece a su campaña ‘Whatever tickles your fancy’ -todo lo que acaricie tu imaginación, en traducción chapurrera-, Está dirigido por Martin Aamund, producido por Johnson Film Barcelona, y juguetea impagablemente con todo lo que entendemos por normalidad, por intimidad cotidiana y por fantasía.

Como la calidad del video alojado en Youtube es francamente mejorable, recomiendo la versión en Boards

Una vez más, vía Llámame Lola

Eugenia

En estos momentos desde los que escribo, Eugenia, la niña de Jaime y MNK, cumple dos días y debe de estar cambiadísima desde la última vez que la ví.

Como Jaime es uno de esos tres que os pasáis por aquí regularmente, se que se las ingeniará para trasladarle mi regalo al llegar a casa.

El vídeo es obra de Cassidy Curtis y Raquel Coelho, de San Francisco, y ellos mismos cuentan cómo lo hicieron.

Yo lo ví en un mal día para dejar de fumar.

Casa del libro

1984Desde que me hice autónomo, emprendedor -diríamos mejor emprendido, por la fuerza de las circunstancias-, o lo que fuera que me hice, disfruto y padezco de libertad de horarios. Así que puedo racionalizar mis compras, optimizar mi tiempo, adecuar mis desplazamientos para evitar las horas punta, limitarlos en la mayor parte de los casos, ese tipo de cosas.
Pero como la fuerza de la costumbre parece ser una fuerza mayor, acabo en una conocida librería de horario amigable para los que trabajan hasta tarde. Una librería pringaos friendly, digamos por decir.

Dentro de la tienda, en este vaticinio de primavera, un grupo de chicas con trazas de haber dejado el uniforme atrás horas antes, con las primeras pinturas de guerra y la promesa del primer puente de la recién estrenada temporada en perspectiva.

Hacen la cola en manada, como esperarían turno en los probadores del bershka, pero con las manos libres, por una vez. Una de ellas -la más resuelta, la más pinturera, la más- viene a comprarse un libro por prescripción docente -1984- que debió empezar a leer semanas atrás, y anda apurada por las fechas. Ha elegido la edición en rústica de Destino, tapa blanda.
Como resuelta no es sinónimo de espabilada, la amiga de la camiseta sin mangas le recomienda que.

Para la amiga sin mangas se ve que no es su primera vez, que ha frecuentado este tipo de lugares antes. Se descubre cierta familiaridad con los formatos, en las maneras de guardar turno, de preguntar al dependiente por una edición de bolsillo, que le busque mientras esperan, total, va para rato.

El dependiente gasta chaleco y flequillo y barba de dependiente de multicadena de librerías reglamentarios, huelga decirlo, y parece habituado y poco pendiente de la manada. Claro que él tiene cosas que hacer, y no solo buscar el libro de bolsillo, preocupaciones y tareas antes del cierre. También sueños y anhelos y urgencias, en eso los dependientes de chaleco verde y pantalón a la cadera no gozan de exclusiva, abundan entre los individuos de cualquier especie o condición, incluso entre los que trasiegan la calle ahí fuera, con los cierres de las tiendas de moda a medio echar y las flores nocturnas invitando al paseo despreocupado y los edificios de oficinas iluminados, algunos despachos sueltos pero en su mayoría iluminando plantas completas, planta sí, planta no, cualquiera diría que no descansan ni en vísperas de puente ni en vísperas de crisis, los gerentes de la cosa, los administradores de sistemas, los abogados de pleitos nobles -tengas y los ganes-, los contadores de la caja del sastre.

Pero los que conocemos el paño y guardamos la cola sabemos que en la mayoría de los casos ya no queda apenas nadie, son sólo las limpiadoras, debería decir limpiadores tal vez, y evitar la generalización de género aunque nadie me escuche y hable sólo para mí, y hay entonces una desazón levísima que me distrae, un aguijonazo de pudor, aunque enseguida le retomo el hilo a la conversación de las chicas del libro de orwell, lo ha mandado Iglesias, el de historia (¿historia?), yo también tengo mis cuitas y mis premuras y un recado pendiente, pero a diferencia del chico del chaleco nada que hacer mientras aguanto la espera y el portátil al hombro -quilos y quilos y quilos a estas alturas del día que se fue-.

Por lo que voy coligiendo hay que tenerse leido hasta el capítulo 9 para el lunes. Será para el miércoles. Cómo para el miércoles, no, para el lunes, es para el lunes, no deja lugar para la duda el tono asertivo de la amiga de las gafas grandes, la segunda, que no disimula un tinte último de satisfacción en sus palabras, como un triunfo, una vindicación que refulge a través de las gafas de pasta pastel, pensadas para unos rasgos más definidos que los suyos. Ella no es resuelta ni espabilada ni frecuenta librerías ni le sientan los tirantes -aún-, pero ha ido leyendo con aplicación cada capítulo a su tiempo y sabe calibrar nueve capítulos para el lunes en su justa dimensión.

Y cada capítulo cuanto dura. La acepción del término duración, insólita para mi mente analógica, no sorprende en la manada de nativas digitales. Dura ésto más o menos, y ésto es un número determinado de páginas prendidas entre sus dedos, se lee fácil, y al decirlo se aligera por un momento la carga de la deuda y asentimos con aprobación, las otras dos amigas que no dicen nada y yo, en verdad es razonable multiplicar por nueve, dividir el resultado por lo que da de sí un puente de primavera largo como una semana santa y sonreir: se lee fácil.

Será para ti. Será para ella. Que no se chine, que la de los tirantes se lo cuenta, si quiere. Se lo sabe de memoria, total, ya se lo había leído el año pasado para ella.

Alguna irracional consigna ha debido cundir entre la población más adolescente para determinar que este año se lleven las bambas y los pantalones blancos, y nadie me ha pasado en informe. Yo venía por una guía de viaje, que me encargó la Nuri, y acabé con la biografía de Benedetti, escrita por Hortensia Campanella, reputada crítico literario, directora del Centro Cultural de España en Montevideo y a la que yo desconocía absolutamente hasta hace un rato, cuando me dió por leer la mención de la contraportada la cajera apuraba los últimos trámites con la pandilla piruleta -la edición de bolsillo, que ya apareció, la bolsa, el tique-, mientras pensaba por un momento en el tal Iglesias, que será posiblemente un hombre más o menos de mi edad, o en todo caso de una edad más aproximada que la de esas chicas que ya salen por la puerta para regresar a ese otro universo del que fuimos expulsados anteayer (cómo, en qué momento), y sigo pensando ahora que ya se marcharon, en qué momento dejaron de llegarme los informes, tal vez el día que empezé a decir bambas, colegir, ese tipo de cosas.

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