Tengo este cuaderno desatendido desde hace 22 días. No puedo asegurar nada sin levantarme a mirar las estadísticas que me facilita el departamento de producción, pero estoy por jurar que no había ocurrido algo semejante en el año y poco pico de andanzas de este blog.
La culpa de todo la tiene la vida, ese lugar hostil del que hablaremos pronto, que no me deja vivir.
22 días dan para mucho, para poco o para nada, según los casos. En el mío, para desesperar a las personas que me rodean y me quieren con mis incomparecencias, mis ausencias, mis deserciones y mi proverbial indeterminación. Ellos ya saben, y va que chuta con lo dicho, que no es éste sitio, por ridículo que suene, de hablar de las cosas de uno.
También me dió, en estas tres semanas, para no dar una en la porra de los goya, para mover el banquillo de mi blogs favoritos con nuevas incorporaciones, y para desentenderme de la vorágine metaelectoral que nos asola -extraño en mí, que no escatimo en pasiones con cualquier evento electoral por ajeno que me resulte, y puedo pasar una noche vibrante de internet y transistores con el escrutinio de las elecciones al senado maltés, pongamos por caso-.
Por lo demas, no encontré muchas novedades en mis paseos por la red. Si acaso, a destacar Dilandau, donde puedes bajar música en descarga directa o escucharla bajo demanda, al gusto del visitante. También World Taximeter, que nos chivatea el precio razonable de deberíamos esperar para cualquier trayecto en taxi en las principales ciudades del mundo (disponible para los madriles, la barna y ocho más). Y por poner algo, y de relleno, Warning Sing Generator, para chorraditas como la que encabeza esta entrada.



















Se dice, se comenta…