Verdaderamente tenéis razón los que os quejáis (en privado) de lo parado que está este sitio. Las últimas semanas estoy lo que se dice fuera del mundo, cosas de la labor, y lo más lamentable del asunto es que la situación sólo tiene visos de ir a peor en las próximas semanas -hablo de mi labor, en cuanto a la frecuencia de las entradas confío en solventar la situación y adaptarme a las circunstancias, Dios aprieta todo lo que puede pero de alguna manera conseguiremos zafarnos de su omnipotencia-.
La cosa es que últimamente no tengo tiempo ni para ir de pesca. Tanto que el cesto se resiente. Hoy me ha dado por el análisis y he notado que no se ven eslabones en este sitio desde ¡hace 15 días!. Pero claro, he demorado tanto la actual entrega de esta aclamada sección de los enlaces de la semana, fue simplemente por no tener mucho que contar. Como dicen otros, esto lo hacemos por hobby, y si no se puede, no se puede… (qué informalidad).
Hace dos entradas utilicé un recorte que hice de una foto que saqué frente a la fábrica de Estrella Damm. Yo no tengo costumbre de andar haciéndole perrerías a mis fotografías, ni poseo programas específicos para el editar imágenes, ni consigo hacerme al que viene con Office -¿o es con Windows?- las pocas veces que lo he intentado. El caso es que descubrí algunos editores on-line la mar de prácticos e intuitivos. Yo me decanté por Snipshot, simplemente porque incorpora una extensión para Firefox que permite no solo editar mis fotos sino cualquiera que me encuentre por la red, subirlas al blog, a Flickr…, y todo con un par de golpes de ratón. Otros editores que curioseé muy por encima y que parecen igual de prácticos y amigables son Pixer y Picnik.
Omemo, otra vuelta de tuerca al P2P. Omemo es un proyecto para la creación de un gran disco duro virtual comunitario. Algo parecido a un P2P, solo que en lugar de compartir archivos, lo que compartes es espacio libre de tu disco duro. El programa crea una red P2P que junta tu espacio libre con el de todos los demás usuarios de Omemo para crear un único disco virtual. A cambio, obtienes derechos de lectura de todos los contenidos alojados en el disco duro virtual. Ventaja fundamental: tus contenidos permanecen accesibles al resto de los usuarios aunque tú no estés conectado (y viceversa). El que mejor lo explica es el impulsor y creador de todo esto, Pablo Soto. Un gran avance -y además aspañó, redios-. Vía la cacharrería.
Como si alguien hubiera prestado la más mínima atención a lo que aquí se cuenta, y al hilo de la última entrega de los enlaces de la semana, me entero a través de Fresqui de la aparición de Wubi, un programa instalador de Ubuntu, la popular distribución GNU/Linux, pensado para los miedosos que andamos dándole vueltas a la idea de adentrarnos en el mundillo Linux y no terminamos de atrevernos. Se instala en Windows y permite una primera aproximación al sistema operativo, sin tener que particionar (¿qué será eso?; suena la mar de traumático) el disco duro para permitir una instalación completa. He tratado de indagar un poco más al respecto, y la verdad es que hay opiniones para todos los gustos. ¿Qué hago, me animo?. Abro el buzón de sugerencias, a la vez que advierto que el experimento sin gaseosa se realizaría en el portatil doméstico, usufructuado mayormente por S.A.R la Nuur, que nos puede capar a Vds y a mí al menor contratiempo -y no necesariamente en ese orden-, por listos y por andar venga a enredar siempre con el coñazo de la informática.
Por último, una noticia sensacional. Por fin se ha desvelado uno de los grandes misterios que en devenir de la humanidad venían siendo: alguien ha descubierto para qué sirven los últimos agujeros de los cordones de las deportivas, esos que nunca llegamos a abrochar.
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Se dice, se comenta…