Coco de Mer es una firma de lencería erótica especializada en elegantes y sofisticados accesorios destinadas a satisfacer las más particulares fantasías y cadaunadas de cada cual.
El siguiente vídeo pertenece a su campaña ‘Whatever tickles your fancy’ -todo lo que acaricie tu imaginación, en traducción chapurrera-, Está dirigido por Martin Aamund, producido por Johnson Film Barcelona, y juguetea impagablemente con todo lo que entendemos por normalidad, por intimidad cotidiana y por fantasía.
Como la calidad del video alojado en Youtube es francamente mejorable, recomiendo la versión en Boards
Después de un par de semanas oyendo hablar del asunto, y tras una más que amable invitación de @sorprendida, hoy he sacado tiempo para probar Spotify.
¿De qué hablamos?
Spotify es un nuevo servicio de música en la red que ha irrumpido generando un increíble alboroto en la blogocosa, entre los entusiastas que se han deshecho en sus alabanzas y los más reticentes (¿realistas? ¿aguafiestas?), que no encuentran grandes diferencias con otras populares herramientas como last.fm, deezer, pandora o goear.
Básicamente, hablamos de un servicio de música bajo demanda, generado a partir de un sistema de streaming con tecnología p2p y respaldado por acuerdos con EMI, Warner Music, Sony BMG y otros tres sellos discográficos de importancia.
Requiere la descarga e instalación de su aplicación, bastante ligera en términos de tamaño y consumo, por otra parte. Permíte la búsqueda de tu música favorita, reproducirla inmediatamente, o guardarla y crear listas -con la salvedad de que lo que guardas es el enlace al tema-. No es posible, por tanto, su uso offline.
Por todo lo dicho, sí podríamos decir que no se distingue fundamentalmente de otros competidores que ya venían ofreciendo estos servicios -aunque no todos a la vez, o no en todos los casos-. Para mí, lo más novedoso y singular que presenta Spotify es, por un lado, la extensión del catálogo disponible y la rapidez en la búsqueda, que permiten una experiencia de usuario bastante cercana al uso de cualquier biblioteca de medios de escritorio (itunes, WM, etc…); y la posibilidad de generar y compartir enlaces a tus temas guardados y a tus playlist.
El siguiente vídeo explica el funcionamiento de los enlaces de forma sencilla.
Inconvenientes
Restricciones al repertorio. Destacábamos la amplitud del repertorio, y en verdad que mejora todo lo que yo conocía hasta hoy. Hasta hoy. El blog oficial de Spotify ha anunciado hoy las restricciones que pondrá en marcha a partir de la próxima semana debido, fundamentalmente, a los acuerdos establecidos con las discográficas afiliadas y reclamaciones de algunos artistas. Veremos a ver en qué queda.
Por el momento, sólo está disponible para Windows y MacOS X. Existen vías para su funcionamiento en Linux, usando wine.
No es compatible con el iPod/iPhone y otros reproductores.
El tiempo, el implacable, lo va a decir. Pero yo apuesto por que en los próximos meses se irá reduciendo el repertorio accesible, al menos en su versión gratuita. Mejorarán las prestaciones de la versión de pago, una vez amortizado el alboroto inicial y fidelizada parte de la parroquia. Y si se consolida el modelo -con ayuda del desarrollo de una comunidad de usuarios y con la aparición de extensiones que ayuden a su popularización, ya van apareciendo las primeras-, podremos empezar a hablar con seriedad y sin sonrojo de verdadera alternativa a los modelos de distribución tradicionales.
Claro que tampoco me apuesto mucho. Que siempre andamos con los mismos fervores, para acabar en agua de borrajas.
Domingo, 27 de de marzo de 2005. Rubén Ontiveros, entonces guionista de Vaya Semanita, publica el primer capítulo de su videolog ‘Qué vida más triste‘, con ayuda de unos colegas de siempre, que se prestan como actores.
A lo largo de ese año y durante la primavera de 2006 se publicarían los 54 capítulos de la primera temporada, uno por semana.
Cada domingo por la tarde, Rubén quedaba en casa de los padres de su amigo Borja, gruísta de Basauri, y con el resto de la tropa, distribuía el guión del capítulo, escrito durante la semana, y rodaban y editaban un capítulo de entre 2 y 5 minutos de duración que estaba disponible en la red esa misma noche.
La serie, poco a poco, iría ganando adeptos, hasta convertirse en el videolog de referencia en España.
Domingo 14 de enero de 2007. Apenas iniciadas las andanzas de este cuaderno, y con la agilidad para las primicias que con el tiempo irían caracterizando a este blog, publico una entrada acerca de QVMT pensando, como siempre, en mis amigos analógicos. Mediaba la segunda temporada, y yo me había calzado la primera aquel fin de semana casi del tirón.
Además de en la propia página web, todos los capítulos estaban disponibles en Youtube y en otras plataformas. Recién nos estábamos iniciando en los nuevos usos audiovisuales, y QVMT Se presentaba como una muestra muy gráfica y particular del vasto mar de posibilidades de los nuevos tiempos. Sabiendo conjugar el talento con unas herramientas de producción cada vez más al alcance de cualquiera, y bajo una concepción del mercado, la distribución y la propiedad intelectual acorde a las exigencias de un nuevo siglo -en el que ya se veía que iba a primar la economía de la atención sobre la economía de la escasez-, unos tíos de Basauri nos contaban unas vidas que podían ser las suyas cada domingo de resaca, y se iban, poco a poco y en la mejor acepción del término, quedando con nosotros.
Domingo 19 de octubre de 2008. La Sexta estrena Qúe Vida Más Triste, con el mismo formato, los mismos personajes, la misma línea argumental, los mismos actores y el mismo guionista que en la versión videoblog. O eso prometen.
Mira que dije, y lo he vuelto a hacer. Han bastado tres semanas de desatado trajín laboral y una crisis mundial con pintas para apartarme de la circulación blogocósica, para echarme a las cunetas del sordo murmullo digital.
-No quiero reconocerlo, y pretendo puerilmente obviarlo, no pensar en ello más. En realidad lo que sucede es que no tengo mucho que contar, que es algo que les sucede mucho a los pudorosos, a los traidores y a los despreocupados por el sonido de sus propios pasos en la gravilla-.
Mientras tanto, ahí fuera, en la calle de usted y alrededores, cundía el desconcierto y la perplejidad entre la banda, con independencia de todo origen o condición, así entre los más osados augures como entre los amilanados de la quinta fila, entregados todos al pairo de este vaivén de valores, de este desatado carrusel de cifras.
Crónicamente sucede, cada vez que se agota un modelo económico o le pasamos la página al siglo, que cunden por igual -¿otra vez, cunden?- las llamadas a la calma y a la desesperación, los argumentos enrevesados y futiles de los analistas y el regodeo de los ignorantes, de ver cómo la nueva situación les sitúa al mismo nivel que los que hasta ayer eran aquellos inalzancables sujetos/objetos de sus envidias.
Qué hermosa palabra, cundir.
En tiempos de crisis, parecen ganar los que menos tienen que perder. Como dice un amigo mío que yo me sé -y del que no me consta que quiera que se atribuya lo que de él digo que dice-, cuando se mueve el tablero del Monopoly, siempre es a beneficio de los que perdían la partida.
- Es que yo había puesto aquí un hotel.
- Sí, claro, seguro.
Y ganan los que menos tienen que perder. No suena mal. Pero no te alborozes. Los que menos tienen que perder nunca son los que menos tienen.
Para sobrellevar la crisis entretenidos, una divertida y valiosa exposición del porqué de las cosas:
Sin dramatismos ni exageraciones, lo cierto es que yo ya voy teniendo una edad. La suficiente como para haber crecido en un mundo analógico, donde el consumo y los usos sociales venían todavía marcados por la economía de la escasez. Un mundo anterior a itunes, a los torrents, a los archivos compartidos, donde la música se compraba y se vendía, en soportes de plástico que costaban dinero.
Una época en la que el coste de copiar música era sensiblemente mayor que cero, y las posibilidades de un autor para difundir su obra pasaban necesariamente por la intermediación de la industria musical.
En ese tiempo que nos ocupa era todavía costumbre corriente escuchar los discos de nuestros artistas favoritos más de una vez. Y de dos. Decenas y cientos de veces en los casos más extremos, si hablamos de adolescentes sensibles y altamente influenciables por los artistas más notables de su tiempo. Temas repetidos que acababan por grabarse en la memoria, incrustados en el acervo que habría de conformar el armazón de nuestra educación sentimental.
Y así, es corriente encotrar con el paso de los años treintañeros de mi pelaje y condición que rebuscamos en el cajón de la memoria donde guardamos las canciones aprendidas y los lugares comunes cuando andamos faltos de inspiración. Son recursos que pasan inadvertidos al resto, a los más mayores, a los más jóvenes, pero en los que nos reconocemos como miembros de un clan secreto.
A estas alturas de semana, todos hemos visto el último anuncio de Repsol. Todos, salvo los realmente jóvenes, que crecen con insultante osadía de espaldas a la televisión, y los más anacoretas, que todavía los hay, y resisten irreductibles los embates de su influjo. Pues bien, en los despachos de Young & Rubicam, algún creativo traía, en el morral de su memoria, más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas el día que se enfrentó al reto de la nueva campaña:
Inventemos el futuro.
Inventamos la rueda, descubrimos el fuego, llegamos a la luna, hicimos el pan y la sal.
Inventamos los coches, las motos, los ceros y los unos, los abrazos y el abecedario. Inventamos los marcos, el calor en invierno, la imprenta, la ciencia y la ficción.
Inventamos internet, la radio, el teléfono, las vacunas y la novena. Hicimos imperios y revoluciones. Inventamos Manhattan, Macondo. Inventamos el fútbol y a mdme. Butterfly. Pintamos a la maja vestida y desnuda, hicimos catedrales, pirámides, aviones.
Inventamos el rock, la penicilina, los telegramas, Dulcinea, el poker y el mus, los jardines de Babilonia y hasta Peter Pan.
Más de cien mentiras, de Joaquín Sabina:
Tenemos memoria, tenemos amigos,tenemos los trenes, la risa, los bares.
Tenemos la duda y la fe, sumo y sigo, tenemos moteles, garitos, altares.
Tenemos urgencias, amores que matan,tenemos silencio, tabaco, razones.
Tenemos Venecia, tenemos Manhattan,tenemos cenizas de revoluciones.
Tenemos zapatos, orgullo, presente, tenemos costumbres, pudores, jadeos;
tenemos la boca, tenemos los dientes, saliva, cinismo, locura, deseo.
Tenemos el sexo y el rock y la droga, los pies en el barrio, y el grito en el cielo.
Tenemos Quintero, León y Quiroga, y un business pendiente con Pedro Botero.
Más de cien palabras, más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos, más de cien mentiras que valen la pena.
Tenemos un as escondido en la manga,tenemos nostalgia, piedad, insolencia,
monjas de Fellini, curas de Berlanga, veneno, resaca, perfume, violencia.
Tenemos un techo con libros y besos. Tenemos el morbo, los celos, la sangre.
Tenemos la niebla metida en los huesos, tenemos el lujo de no tener hambre.
Tenemos talones de Aquiles sin fondos, ropa de domingo, ninguna bandera,
nubes de verano, guerras de Macondo, setas en noviembre, fiebre en primavera.
Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas, qué importa, lo siento, hasta siempre, te quiero, hinchas del atleti, gángsters de Coppola, verónica y cuarto de Curro Romero [...]
Hace prácticamente un año, y bajo el título “Los macarras de la sabana”, veíamos en este blog un espectacular vídeo grabado en el Kruger National Park de Sudáfrica en septiembre de 2004 por el turista David Budzinski, en el que una manada de leones y un cocodrilo se disputaban el apresamiento de una cría de búfalo, hasta que su propia manada acude al rescate de la cría.
Espoleado sin duda por la publicación en un medio de alta repercusión como Las Chofas -y en cierta medida por la contribución de otros medios- el vídeo superó los 30 millones de visualizaciones en YouTube, fue galardonado en los YouTube Awards de 2007, y tiene su propio sitio web con multitud de contenidos relacionados
En las últimas semanas, tres de las cuatro personas que leen habitualmente mi blog han coincidido en afirmaciones similares a esta: tu blog está bien, pero no entiendo mucha de la mierda que tienes a la derecha.
A explicar toda esa mierda de la derecha (verás luego la cantidad de gente que acabará en este rincón por guglear cosas como ‘mierda de la derecha’), a explicar, digo, algunos de los apartados más confusos de mi barra lateral es a lo que voy a dedicar esta entrada y puede que alguna otra de las próximas.
Hoy empezaremos con la sindicación RSS.
¿Qué carajos son los archivos RSS?
Cuando navegamos por la blogocosa con el desafuero y la pasión que nos caracterizan, nos encontramos a menudo con iconos como estos:
Estos iconos indican y contienen archivos RSS, agazapados en la procelosa umbría de su hipervínculo.
Un archivo RSS -o «Feed RSS» -o «XML»- es un archivo generado por algunos sitios web (entre ellos la mayoría de los blogs) que contiene una versión específica de la información publicada en esa web. Este archivo está diseñado para ofrecer el contenido publicado sin necesidad de consultar la página a través de un navegador, y se actualiza con cada modificación, por lo que resulta muy práctico para el seguimiento de sitios con constantes modificaciones, como es el caso de los blogs.
Mediante el software apropiado -los llamados lectores o agregadores de feeds- vamos a poder mantenernos al tanto de las actualizaciones de un sitio web, sin tener que entrar en él, simplemente a través de la información contenida en el archivo.
¿Agregador de cualo?
Un agregador de feeds es lo más parecido que hay a un programa de correo electrónico. La diferencia está en que en lugar de mostrar y gestionar el contenido de un buzón de correo, los lectores de feeds consultan periódicamente las direcciones de los feeds para obtener la última versión disponible de su archivo RSS. Así, como nuestra aplicación de correo, nos va a almacenar y organizar las entradas de nuestros
blogs favoritos a medida que se publiquen, y resaltará aquellas que tengamos pendientes de leer. Nos permite, por ejemplo, emplear el tiempo que nos dura el primer café en echar una lectura rápida de las últimas entradas publicadas que antes nos hubiera llevado media mañana, yendo de sitio en sitio, de página en página.
Mola. ¿Cómo se utiliza un agregador? ¿Cómo me suscribo a los feeds de mis sitios favoritos?
Primer paso: elegir un agregador. Como en el caso de los lectores de correo electrónico, tendremos aplicacaciones online -para consultar a través de la web- y aplicaciónes de escritorio -un programa alojado en tu equipo-. Esto, como todo, va en gustos. Yo, como uso varias máquinas alternativamente, prefiero las aplicaciones online, de la misma forma que prefiero Gmail a programas de correo como Outlook o Thunderbird. Los agregadores o lectores de feeds más populares son:
Como contaba antes, debajo de cada icono RSS se esconde la dirección URL donde se aloja el feed que contiene el archivo RSS del sitio web. No te marees con tanto acrónimo, es sencillo. Si te tomas la molestia de pinchar en el icono RSS de las chofas (ese botonazo naranja que ves bajo el título de ‘Suscríbete’) encotrarás el siguiente vínculo:
a la vez que en tu navegador se abre una página básicamente ilegible. Ésa es la dirección que deberás copiar cuando quieras agregar un feed en tu lector.
Por ejemplo, en Google Reader:
Esta es la manera más rudimentaria de agregar un feed a tu lector. Con la práctica descubrirás atajos. Google Reader, por ejemplo, se abre automáticamente cuando pinchas sobre el icono de un feed. Si usas Firefox, basta con abrir el menú contextual (pinchar el boton derecho, dícese) para que te permita copiar la ruta del feed para pegarla en tu agregador. Firefox también detecta los archivos RSS de una página e incluyen directamente en ese caso el icono indicativo en la barra de direcciones, y creo que sucede lo mismo con las últimas versiones de la mayoría del resto de navegadores. En mi equipo, por ejemplo, me aparece el icono en azul a la izquierda de la barra de direcciones:
y pinchando sobre él el navegador me ofrecerá la posibilidad de suscribirme a ese feed usando alguno de los lectores online más populares:
Y así podríamos seguir, si la entrada no me estuviera quedando ya demasiado larga.
Si has llegado hasta aquí, agradezco tu paciencia, y te invito en compensación a disfrutar del video de Commoncraft RSS in plain english (subtitulado gracias al impagable trabajo de la gente de dotSub, donde por fín podras enterarte de manera sencilla de qué va todo esto de los RSS :
Próximamente en esta sala: “Descubriendo la barra lateral (II): Jumber en la red”
Sí, es ella, y viene de regreso. La campeona de la temporada pasada, la que creímos flor de un día.
Esta casa le debe mucho. Durante meses, mas de la mitad de las escasas visitas diarias que por aquí pasaron lo hicieron buscando ‘fotos de Tata Golosa desnuda’ -o eso me cuenta WordPress por las noches-.
(Últimamente nos hemos hecho más populares entre los navegantes a la caza de ‘fotos de dildos’, o de ‘relatos eróticos con niñas muy muy niñas’).
Sin darnos siquiera tiempo a incorporarnos para afrontar el año que se nos viene, entra por la puerta sin llamar y aposenta sus reales, su tacón de aguja y su esplendor en mitad de nuestro salón, con una nueva entrega de un bucle autorreferente que amenaza con no tener fin.
Se dice, se comenta…