sobre jumber y sus márgenes

Plácido domingo

Ayer estuvimos comiendo en casa de Ross, en compañía de Álex, Lola, y los Álvaros grande y chico. Como buen profesional de la cosa, el Ross ha montado una choza de joven urbanita en la que se han cuidado todos los detalles para hacer felices a las visitas. Cuando se dispone de una cocina grande en la que las fuentes de casi todos los placeres terrenales se encuentran tan a mano, tienes un amigo que ha cocinado con cariño para tí, y gente que quieres a la que no has visto desde el año que se fue, es fácil que la sobremesa se alargue, como pasó, hasta la hora de la cena. Si además estás en esta edad nuestra tan difícil en la que vamos entrando disparados en la madurez sin renunciar a tocar todos los palos de una juventud que se nos escurre entre los dedos, es facil que te encuentres con situaciones desacostumbradas, como que te reclamen un poquito más de fuerza para ese gin-tonic, pero sin quitarle ojo al biberón  del niño, no se vaya a pasar de tiempo en el microondas.

Como digo, nos dieron las tantas, y allí les dejamos, preparando la cena, y salimos disparados con el tiempo justo para pasar por casa y recoger las entradas para Faemino y Cansado, cortesía de mis cocurrelantes por mi pasado cumpleaños. En parte por nuestra mala cabeza, y gracias también a alteraciones de última hora en el diseño del parque temático de la M-30, llegamos a La Sala con el espectáculo más que empezado, por lo que sólo conseguimos sitio al final del todo, junto a la barra, y nos tuvimos que conformar con seguir la actuación a través de las pantallas instaladas al efecto y soportar la molesta presencia de tres solícitos camareros a nuestra entera disposición.
Y nos reímos, vaya que si nos reímos. Es cierto que yo un poco más que Nuria, que en el último tramo me tuve que sujetar literalmente a la barra, me tronchaba de tal manera que me dolía. Siguen pareciéndome tan buenos y tan agudos y tan impredecibles como me lo han parecido siempre, y no fuera porque era la primera vez que les veía (oía) en directo, diría que el espectáculo no desmerece en absoluto a los anteriores.
Al terminar, nos pedímos la última y para casa, que el día había sido largo. Lo peor fue despedirnos de los camareros. Con tanta relación comercial, se veía que nos habían tomado cariño.

Y hoy, poquita cosa. Por la mañana limpieza y despues de comer mantita y Los Puentes de Madison, recién servidos de la mula. Y a preparar el cuerpo para la semana que viene, que se presenta entretenida, y la cena para ya, que empiezan los Goya. Como nos hemos quedado un poquito sólos con la idea de la porra, el recuento será breve. Yo confieso que esperaba un repunte de última hora el fin de semana, pero se ve que tan retoque en la página ha desincentivado la conversación (habréis notado los cientos de lectores diarios que tiene este blog que durante la mañana de ayer se vio sometido a contínuos cambios de apariencia. Se esperan mas para los próximos días, el tema actual no acaba de convencerme, en especial en lo que se refiere a la inserción de comentarios…).

Acabo de ver que MNK ha entrado en el corte de la porra por los pelos, con una apuesta que será la última.
Ánimo a todos para la semana que empieza, y gracias por el aliento recibido en estas primeras semanas de singladura.

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