sobre jumber y sus márgenes

El rey de oros

tragaperras.jpgHasta los días llamados a ser más anodinos te brindan pequeños sucesos intrascendentes. Como ayer.

Por la mañana temprano paré en un bar a echarme un café por encima. Detrás mío entró un señor en edad de abandonar la segunda edad, muy atildado y de buena planta, elegantemente peinado. Se fue al rincón de la máquina tragaperras y desde allí pidió una copa -el camarero no preguntó, le puso lo de siempre- y 20 euros en monedas. Para ir calentando. Eran las ocho cincuenta.
Cuando fui a pagar con mi billete de diez euros el camarero me miró con la lógica aprensión de quien ve peligrar las reservas demandadas por el rey de oros. Y de copas.

A mediodía el telediario batió todas las plusmarcas establecidas y se tiró diecinueve minutos hablando del tiempo, a cuenta del temporal. Parecía un viaje interminable en el ascensor de la torre Espacio con Mario Picazo.

Trabajando en un cliente era bien avanzada la tarde y apenas quedábamos ninguno en la oficina. Por el pasillo una de la limpieza le iba comentando a la otra: “pues el de mantenimiento se tiene que hacer unas pajas con nosotras que para qué”. Tendríais que verlas, a las dos, una versión de Manolo y Benito en femenino plural.

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