sobre jumber y sus márgenes

La españolía

AragonéSé que la semana nos trae noticias mucho más siniestras, pero tal vez por eso lo que el cuerpo nos pide son polémicas pelín más banales y absurdas.

La semana pasada nos encontramos con el sorpresivo propuesta de encargo de una letra para el himno nacional por parte del presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco. Un himno inspirado en valores de consenso, que conjuge las diferentes sensibilidades y los valores de una tierra abierta y plural, de gentes que quieren vivir en paz y en libertad. Etcétera.

La propuesta, según sus defensores, trataría de sofocar la envidia que sufren nuestros jugadores cuando ven cantar orgullosos su himno a los componentes de otras selecciones. Todos podríamos, así, sentir a flor de piel la emoción de cantar en compañía de todo el estadio como una sola voz -muy al estilo ‘You’ll never walk alone’, el himno del Liverpool que el Chelsea reclama para sí mismo y el propio Alejandro Blanco para todos los británicos. Emoción. A flor de piel. Etcétera.

Poco después, Mariano Rajoy secundaba la iniciativa y anunciaba su intención de solicitar la creación de una comisión en el congreso que le ponga letra al himno patrio. Ni más ni menos. Una comisión. De mantenimiento y actualización permanente de la canción patria, decían algunos con socarronería y nostalgia, (y Les Luthieres petando YouTube durante algunas jornadas):

La comisión así investida tendría un plazo de tres meses para terminar su trabajo. No se si en mente tendrán contar con alguno de los verdaderos expertos en este tipo de lides, que te solucionan la papeleta en un periquete. Tiempo, desde luego, les iba a sobrar.

Pasaron los días y se extendió el debate. Se nos empalmó el patriotismo -ya de por sí bastante enervado esta primavera-, y hasta Luis Aragonés, en rueda de prensa desde la concentración de la selección, tuvo que saltar al campo a defender la españolía de sus jugadores al hilo de la polémica por un bájame ahí esas medias. El traductor de la cosa solicitó con apuro ayuda al sabio técnico para sortear el marrón del neologismo, y éste le vino a contestar que ahí se las apañara o se pasara por estos pagos a ver lo que había. El esforzado traductor consiguió superar el trago mal que bien, con un discurso, en el idioma en el que en Lienchestein se cuentan las verdades del barquero, acerca del cariño, el sentimiento, el amor a los colores. Etcétera.

Al finalizar, el traductor fue felicitado por el propio Luis: ‘veo que lo ha cogido usted muy bien’.

Mientras tanto, en nuestro país, el COE seguía madurando su iniciativa, manteniendo contactos con la SGAE para trabajar conjuntamente en el proyecto.

Dado que entre los propósitos del acuerdo se reconoce el de fomentar la participación de todos los que quieran aportar su propuesta, yo quiero hacerles llegar la mía. Un equipo de reconocida competencia y contrastada experiencia en el tema, cuyo trabajo sería sin duda de pleno agrado y satisfacción de todos los que no se conforman con tararear el símbolo de la patria que nos vio nacer y nos amamantó en la emoción y el respeto por los emblemas de la nación. Etc.

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