sobre jumber y sus márgenes

El Olimpo postergado

Ayer fue un día muy raro, en el que quedó descubierta la vasta extensión de nuestra ignorancia en lo que a los secretos del olimpismo se refiere.

Los que no seguimos con asiduidad el atletismo, los que sólo consumimos las grandes citas bianuales  en píldoras masticables desde el sofá, teníamos noticias de Usain Bolt por las fases previas que habíamos visto o nos habían contado durante estas olimpiadas. Un jamaicano esculpido a otra escala que dominaba cada carrera con una autoridad deslumbrante, con una superioridad rayana en la condescendencia.

En la Primera daban el baloncesto, el partido de España contra Estados Unidos -si partido puede llamarse, si en algún momento norteamericanos y sudeuropeos jugaron a la misma cosa-. Así que para la mayoría de los telespectadores españoles, la cosa ocurrió durante la publicidad, en diferido, aprovechando la pausa del descanso y en una retrasmisión encadenada con calzador, sin apenas tiempo para presentaciones previas. Aquí, millones de ojos pendientes de la prueba reina del olimpismo. Aquí, el hombre que puede mostrar el camino de los sueños a toda una generación, a una porción nada desdeñable del mercado universal que no pudo ver a Carl Lewis ni seguir la estela de un mito subvertir las siempre complicadas leyes que dominan las relaciones entre el espacio y el tiempo.

Cien metros, cuarenta zancadas.

Veinte para crear la ilusión de una carrera competida.

Diez para erigirse con la estatura de un dios sobre el resto de los atletas competidores, limitados en su complexión física, impotentemente humanos.

Y unas últimas diez, once zancadas. Once zancadas que igual pudieron ser diez. Once zancadas relajadas con los brazos estirados, el rostro girado a cámara y la testuz erguida, sobresaliente. Once zancadas, la distancia insalvable entre un record del mundo y una plusmarca legendaria para los próximos 50 años.

Usain Bolt destrozó los registros con los cordones de la zapatillas desatados, y una última zancada -que no es la que se ve en la foto- corta, elegante, para rematar la mejor carrera de todos los tiempos, pero también para desbaratar cualquier ilusión de leyenda, con la facultad de los mejores dioses para administrar el éxtasis, para emplazarnos de nuevo en el camino de la promisión, para denegar en el último instante el acceso a un olimpo siempre postergado.

Hoy he visto la carrera y las secuencias posteriores repetidamente, de buena mañana. Y el final de la retrasmisión se acercaba mucho a lo que yo recordaba de la tarde anterior. Usain Bolt, descalzo sobre el tartán, con la bandera que le uniformaba en una mano y mostrando a cámara con la otra las zapatillas que minutos antes le habían conducido al corazón del olimpo, las Puma 100m Beijing, pronto disponibles en las más de 2.000 tiendas Puma abiertas en China.

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Comentarios en: "El Olimpo postergado" (1)

  1. Exactamente, e9 preciso saembros como nos colocar no mercado. Diferentes nichos requerem diferentes tipos de promoe7e3o e comunicae7e3o. Se o nosso mercado alvo se3o as bandas ou os surfistas, ne3o tem interesse publicitar a marca num evento de skate, por exemplo. A forma como comunicamos com os clientes tambe9m tem de ser alterada consoante o pfablico alvo.

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